miércoles, 4 de marzo de 2015

tres latidos

Con la taza de café casi vacía solo puedo concentrarme en lo que recuerdo de anoche, por fortuna es casi todo o al menos eso creo, de un ¿para dónde vas? a un "yo te llevo", después de cerca de 6 horas o más platicando de cualquier cosa, preguntando con toda la intención de encontrar algo en común, cambiando de tema según su expresión, dejándonos llevar por algo tan simple y a la vez tan poco frecuente que me molesta no haberlo hecho antes, aunque ahora me congratulo por no dejarlo pasar, sólo sugerir, preguntar, armarse de valor por 20 segundos e invitarla a tomar algo.

Tenía todas las de perder o al menos eso pensé al momento de sugerir cambiar el rumbo y decir "cerveza", su cara no expresó nada hasta un par de segundos después respondiendo con un ¿porqué no?

No puedo describir mejor la noche que con el título que acompaña este texto, tres latidos, fueron ellos los que me advirtieron del momento correcto para los tres sucesos con los que me quedo, y aunque por momentos al final de la noche mi ritmo cardíaco se nivelo a la fuerza de aquellos, solo recuerdo la intensidad de esos que me dieron mi Q para tomar acción.

Aviso número 1

Me gustó desde el primer día que la vi, sin embargo en ese momento ni disponibilidad o manera de interactuar era posible, cada que encontraba oportunidad me acercaba solo para saber algo de ella, no siempre con éxito ni con información relevante, por eso al momento de ver que se iba aproveche para acompañar su camino que por suerte era el mío -seguramente hubiera hecho lo mismo incluso si no hubiera sido así.

Con poco que conversar, tome algunas calles que conozco de memoria por aquellos lugares de donde fui un fiel parroquiano aprovechándome de su poco conocimiento de la zona, mientras caminábamos cerca del que tengo más historias, recibí el primer aviso, veinte segundos nada más, posiblemente menos, nuestra plática parecía estancada y las probabilidades no se veían prometedoras, así que solo lo solté: ¿y si vamos por una cerveza?

Aviso número 2

La cerveza fue un éxito, a las primeras le siguieron otras, mezcales, más cervezas, plática de cualquier otro tema y por fin, información valiosa, acompañada de constantes roces, tocarnos tímidamente parecía algo simple, pero cuesta trabajo no hacerlo torpemente y de forma evidente, solo un poco, de la nada había un vínculo de dos extraños en la barra de un bar, mientras por alguna razón que aún no entiendo, recibíamos cerveza gratis, lo más extraño es que no era la primera ocasión que pasaba algo así, solo que en ese momento no lo recordaba.

El segundo aviso llegó tan inesperado como el primero, para entonces sentados uno frente al otro, ya no eran importantes los tragos, ni mi hipótesis a comprobar si el orden de los factores altera el resultado para el día siguiente (experimento basado en la cerveza y el licor). Fueron más de 20 segundos, eso estoy seguro, siempre doy una explicación que ponga en contexto la ridiculez que estoy por cometer, no se si funciona, pero al parecer es menos dramático porque parece que estas hablando de cualquier otra cosa,

Puesto en evidencia, contextualizado -por decirlo de alguna manera- lo único que quedaba por decir fue simple, "me gustas, mucho realmente, no me preguntes porque, es lo que hay".

Aviso número 3

Nos cerraron el lugar, para variar me encontraba en el mismo bar que una y otra vez desalojaba hasta el final, dos y media, tal vez tres de la madrugada de un miércoles, algo temerario para alguien que ya no soporta mucho las resacas y tiene que trabajar temprano, pero no dudaría un segundo en volver lo a hacer, sobre todo con ella.

Caminamos sin mucho rumbo, buscando transporte o al menos ese era el pretexto, yo sabía perfectamente dónde estaba pero quería extender más su tiempo conmigo, tomé el camino largo y ella tampoco pareció darle importancia, de la mano, seguimos unas cuadras más hasta que el tercer aviso llegó.

Frente al parque, menos de veinte segundos supongo, una pausa, fue una ausencia de latido, un paro cardíaco de un instante, darme cuenta que ese era mi Q, mi entrada, ya no podía perder nada, solo su compañía hasta otro momento que quizá no llegue, lo único que teníamos era el uno al otro y eso era lo importante, un beso, su aroma, su cuello, su cuerpo cerca del mío y su respiración agitada.

No se cuanto tiempo más paso, no se cuanto más pasará o si siquiera hay una posibilidad de volver a salir, sin avisos ni advertencias, confiado de querer más, de recuperar no lo que perdí, no lo que gané, simplemente, de quitar la pausa que dejo esa ausencia, ese tercero que no llegó pero se hizo presente y confiado me recordó, lo mucho que me gusta que mi corazón deje de latir.


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Estoy de vuelta.

2 comentarios:

  1. Es tan descriptivo que me sentí sentada en el mismo bar viendolos de reojo ...

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    1. 4 años sin saber de ti jajaja, y sabes, justo contigo fue la primera vez que hasta de otras mesas nos pagaban más cheves, ¡que tiempos aquellos!

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